En la primera parte de esta serie conté por qué los italianos hablan con las manos y de dónde viene ese lenguaje silencioso. Hoy entramos en materia. Diez gestos italianosque tarde o temprano se ven en Italia, algunos a diario, otros solo en momentos de tensión. A cada uno le corresponde una pequeña historia, un significado y, muy importante, una indicación de cuándo conviene mantener los dedos quietos.
La Mano a Borsa: la pregunta sin palabras
Pocas gestos son tan italianos como este: las yemas de los dedos de una mano se juntan formando una especie de bolsa, la mano se mueve ligeramente hacia arriba y hacia abajo, a veces acompañada de un escueto «Ma che vuoi?». Esta Mano a Borsa expresa impaciencia, una pregunta no formulada, un «¿qué se supone que significa esto?» que no necesita palabras. Sus raíces se remontan, como documentó Andrea de Jorio en su obra «La mimica degli antichi investigata nel gestire napoletano» de 1832 a la Antigüedad, donde juntar los dedos de manera similar ya expresaba reflexión o duda.
Se ve en todas partes: en el mercado, en el tráfico, en la mesa de la cocina, cuando una explicación se alarga demasiado. Se puede usar sin mayor reparo entre amigos o en situaciones distendidas; en una conversación formal de negocios, en cambio, resulta fácilmente descortés, casi como un reproche silencioso.
Le Corna: protección o insulto, según la dirección
El índice y el meñique extendidos, los demás dedos recogidos: eso son las Corna, los cuernos. Este gesto tiene dos significados completamente opuestos, y precisamente eso lo hace peligroso para quienes no conocen el lugar. Dirigido hacia abajo, a menudo de forma discreta junto al bolsillo del pantalón, se usa desde la Antigüedad como protección contra el mal de ojo, el malocchio, una superstición especialmente viva en Nápoles y en los Quartieri Spagnoli hasta hoy.
Dirigido directamente hacia una persona, con la palma hacia adelante, ese mismo gesto significa algo completamente distinto: acusa al destinatario de ser engañado por su pareja, uno de los mayores insultos en la vida cotidiana italiana. Quien usa el gesto hacia abajo y de forma casual para protegerse de la mala suerte no comete ningún error. Quien, en cambio, se lo planta en la cara a alguien, debería estar preparado para las consecuencias.
El beso de los dedos: el mayor elogio para la buena cocina
El pulgar, el índice y el corazón de una mano rozan los labios apretados, luego la mano se abre con un movimiento pequeño y casi elegante hacia afuera, acompañado de un susurrado «Squisito». Este gesto es uno de los más amables de todo el repertorio y tiene una connotación exclusivamente positiva. Celebra una buena comida, un vino logrado, a veces también a una mujer especialmente bella o una prenda que sienta a la perfección. Se puede usar en prácticamente cualquier situación en la que se quiera expresar entusiasmo genuino; se considera encantador, nunca impertinente. El único error que se puede cometer con este gesto es la ironía, porque el entusiasmo sincero y el entusiasmo sarcástico y exagerado se parecen demasiado.
Los dedos frotados: el signo universal del dinero
El pulgar y el índice se frotan entre sí, a veces acompañados del corazón, un movimiento que se entiende en prácticamente cualquier cultura del mundo, pero que en Italia se emplea con especial precisión. Significa dinero, a menudo en el sentido de «demasiado caro», a veces también como pregunta silenciosa sobre cuánto cuesta algo. En el mercado, al regatear un precio o como comentario sobre el coste de una reparación, este gesto es omnipresente y completamente inofensivo. Conviene ser prudente solo cuando se dirige hacia una persona concreta, pues entonces puede parecer fácilmente una insinuación, como si se le estuviera reprochando avaricia.
El golpe de canto de mano: claridad sin rodeos
El canto de una mano golpea breve y decidido la palma abierta de la otra, a menudo acompañado de un escueto «Basta» o «Fatto». Este gesto marca un punto final, una decisión que ya no se discute. Resulta enérgico, a veces casi autoritario, y lo usan con frecuencia quienes quieren dar por terminada una discusión o declarar concluida una tarea. En un debate acalorado puede ser muy eficaz para imponer un punto. En una conversación delicada, por ejemplo cuando alguien está asimilando una mala noticia, conviene evitarlo, pues puede dar fácilmente la impresión de cortar al interlocutor.
Las palmas abiertas: el gesto de la ignorancia
Ambas palmas se giran hacia arriba, los hombros se elevan ligeramente, la cabeza se inclina a un lado, acompañado de un prolongado «Boh» o «Chi lo sa». Este gesto es uno de los más inocentes y al mismo tiempo más expresivos de todo el repertorio. Significa simplemente «no lo sé», a veces también un resignado «¿qué se le va a hacer?». Se puede usar en prácticamente cualquier situación en la que se quiera reconocer honestamente la propia ignorancia o impotencia; nunca se considera descortés. Solo en una situación en la que realmente habría que asumir responsabilidad, por ejemplo ante un error propio, puede parecer una excusa que sería mejor sustituir por palabras claras.
El dedo en la sien: entre la reflexión y la duda
El índice golpea o gira ligeramente sobre la sien, un gesto con dos lecturas muy distintas. Por un lado, puede indicar simplemente una reflexión intensa, un «todavía estoy pensando». Por otro, sobre todo cuando se dirige hacia otra persona, significa algo considerablemente más contundente: «no seas tonto» o «este está loco». En una conversación distendida entre amigos, cuando uno mismo se ríe de un propio despiste, este gesto es completamente inofensivo. Sin embargo, si se le hace a otra persona mientras se habla con ella, se corre el riesgo de desencadenar una discusión seria, pues a casi nadie le gusta que lo llamen loco en público.
El movimiento de mano bajo el mentón: una manera cortés de decir no
El dorso de la mano golpea suavemente bajo el mentón y luego se desplaza hacia adelante, un gesto que expresa desinterés o rechazo , aproximadamente en el sentido de «me da igual» o «déjame en paz». Históricamente procede probablemente de un gesto de insulto antiguo y bastante más grosero, aunque en el uso cotidiano se ha suavizado hasta convertirse en algo comparativamente moderado. Entre amigos, como reacción exagerada ante una nimiedad, resulta más cómico que agresivo. En una discusión seria o frente a desconocidos conviene evitarlo, pues su significado original, más hiriente, sigue siendo perfectamente conocido por muchos italianos, especialmente en el sur del país.
El insulto que mejor no mostrar nunca
Algunos gestos no pertenecen a una enumeración amigable, sino a una lista de advertencias, y el llamado Ombrello es el más conocido de todos. Consiste en golpear con una mano el interior del brazo contrario flexionado, de modo que el antebrazo sube bruscamente, un insulto inequívocamente vulgar, comparable al conocido internacionalmente dedo medio. No existe en Italia ninguna situación en la que este gesto sea inofensivo o humorístico; incluso entre amigos íntimos se emplea casi exclusivamente como provocación deliberada. Quien como visitante haga accidentalmente un movimiento de brazo similar debería disculparse de inmediato y con claridad, pues los malentendidos en esa dirección escalan con rapidez.
Toccare Ferro: el gesto de tocar hierro para ahuyentar la mala suerte
En cuanto en una conversación se menciona una enfermedad, un accidente u otra desgracia, muchos italianos buscan casi de forma instintiva un trozo de hierro cercano: una barandilla, un pomo de puerta o, a veces, simplemente el gesto simbólico de agarrar el aire, acompañado del «Tocca ferro». Este gesto supersticioso sirve para evitar que la desgracia mencionada llegue a materializarse, de manera similar al «tocar madera» en español, solo que con hierro en lugar de madera. Adam Kendon lo describió en detalle en su traducción al inglés de la obra de de Jorio y lo encuadró dentro de su larga tradición folclórica. Lo utilizan jóvenes y mayores por igual, a menudo con una mezcla de ironía y seriedad, y nadie se ofende por ello. Solo quien omite el gesto cuando una persona mayor acaba de conjurar una desgracia puede ganarse una mirada reprobatoria, pues algunos se toman esta pequeña superstición muy en serio.
Diez gestos, todo un vocabulario
Lo que más me fascina de estos diez gestos es la precisión con la que distinguen entre cercanía y distancia, entre humor y seriedad. Un mismo movimiento de mano puede resultar afectuoso o hiriente según el ritmo, la expresión facial y el contexto. Quien viaja a Italia o, como yo a partir de octubre en Pozzuoli, vive aquí, hará bien no solo en conocer estas diferencias, sino también en observarlas antes de recurrir al gesto por cuenta propia. En la próxima entrega de la serie examinaremos con más detalle los gestos que en Italia pueden resultar ofensivos o dar lugar fácilmente a malentendidos.




