En la Toscana, la sostenibilidad ha dejado de ser un complemento para convertirse en parte esencial de la estrategia turística. Más de 300 establecimientos de alojamiento se han comprometido voluntariamente a operar de forma ecológica. El plástico de un solo uso está prohibido en las playas, y todos los parques naturales cuentan con el sello de la Carta Europea de Turismo Sostenible. Con ello, la región deja claro que no solo apuesta por la belleza y la cultura, sino también por la responsabilidad hacia el medio ambiente y el clima.
Senderismo y ciclismo a gran escala
Esta apuesta se hace especialmente visible en el ámbito de la movilidad sostenible. Los senderistas encuentran en el llamado Atlas de Caminos más de 1.500 kilómetros de rutas señalizadas que conectan pequeños pueblos con ciudades de arte como Florencia, Siena y Arezzo. Los senderos atraviesan parques naturales, pasan junto a iglesias medievales y lugares históricos de peregrinación. Quienes recorren la región en bicicleta disponen de una red de casi 15.000 kilómetros. La oferta abarca desde exigentes ascensos por las colinas hasta rutas aptas para familias a lo largo de la costa. Así, la Toscana se convierte en una región que se puede descubrir literalmente paso a paso, pedalada a pedalada.

Descanso con vistas a Abbadia Isola en Monteriggioni durante una excursión por el camino de peregrinación "Via Francigena". (Foto: © Toscana Promozione Turistica / Ciclica)
Un ejemplo destacado es la ciudad de Grosseto , en la Maremma. En 2024 fue distinguida por la Comisión Europea como "Green Pioneer of Intelligent Tourism". Aproximadamente un tercio de las superficies protegidas de sus alrededores está reservado a la agricultura. Esto constituye la base de un agroturismo diverso en el que los visitantes pueden asistir a clases de cocina, degustar productos regionales, reservar visitas guiadas o explorar el paisaje en bicicleta. Grosseto demuestra así cómo la agricultura, la economía local y el turismo pueden integrarse estrechamente.
El mar y las islas bajo protección
También en la costa, la Toscana apuesta por la protección y la sostenibilidad. El Parque Nacional del Archipiélago Toscano se extiende desde Livorno hasta Monte Argentario y abarca siete islas. La más estrictamente protegida es Montecristo, accesible solo para un número reducido de visitantes y únicamente bajo supervisión. En el resto de las islas, como Elba o Giglio, el turismo está permitido, aunque exclusivamente en su forma más sostenible. Es posible hacer senderismo, kayak, snorkel o buceo, siempre con pleno respeto por los frágiles ecosistemas.
Para ofrecer orientación, la región aprobó en 2023 una Carta de Valores para el Turismo Sostenible. Esta sirve de guía a los proveedores y permite a los visitantes identificar qué establecimientos y municipios asumen su responsabilidad. A esto se suman distintas certificaciones de gran prestigio en Italia. Las playas con una calidad del agua especialmente buena reciben la Bandera Azul, los municipios con un desarrollo sostenible son reconocidos con el título Spighe Verdi, y las ciudades con una apuesta decidida por la movilidad ciclista lucen una Bandera Amarilla. Todo ello busca dejar claro que la sostenibilidad no es una mera fórmula, sino que genera estándares concretos.

Toscana: turismo con futuro
La Toscana quiere demostrar que un turismo moderno no tiene por qué estar reñido con la protección del medio ambiente y la calidad de vida. Quien visita la región puede recorrer olivares a pie, atravesar viñedos en bicicleta, alojarse en una finca rural o explorar el archipiélago en barco, todo ello con la satisfacción de saber que se respetan la naturaleza, la cultura y el clima. La Toscana se presenta así no solo como uno de los paisajes culturales más bellos de Europa, sino también como región modelo para el turismo del futuro.




