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Más allá de la pizza y Pisa: tres grandes malentendidos sobre Italia

4 min de lectura
Foto: © Bastian Glumm
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Italia es un país al que casi nadie viaja sin ideas preconcebidas. Las imágenes que llevamos en la mente, procedentes de películas, guías de viaje y restaurantes de nuestro país de origen, están demasiado presentes. Quien cruza la frontera lo hace a menudo con un mapa mental lleno de tópicos y enseguida se topa con sorpresas. Porque muchas de las cosas que se creen saber resultan ser un error garrafal.

Error 1: Italia solo tiene pizza y pasta

El primer error suele empezar en la mesa. "Italiano" evoca para muchos pizza, pasta, gelato. Y, por supuesto, estas tres palabras representan el triángulo de los anhelos culinariosque ha hecho famosa a Italia en todo el mundo. Sin embargo, quien pide "Spaghetti Bolognese" en una trattoria romana se encuentra con frecuencia con caras de perplejidad. Ese plato, sencillamente, no existe como tal. Mucho de lo que fuera de Italia se considera comida nacional es en realidad invención de emigrantes en América. Las Fettuccine Alfredo, por ejemplo, un clásico de la cocina italoamericana, apenas se conocen en Italia.

En cambio, reina la diversidad: en el Piamonte, trufas y risotto; en Apulia, orecchiette con grelos; en Cerdeña, cochinillo al espeto. Quien espera pizza la encontrará en Nápoles en su forma más pura (junto con muchos otros platos que no tienen absolutamente nada que ver con la pizza), mientras que en Milán es finísima y crujiente, o directamente no aparece. El error consiste en creer que Italia tiene una cocina única y homogénea. La realidad es que se trata de un mosaico culinario, tan variado como sus regiones.

Una de las recetas más clásicas es el Polpo e Patate, pulpo con patatas cocidas, que sigue siendo popular en muchas ciudades costeras hasta hoy. (Foto: © Bastian Glumm)
Una de las recetas más clásicas es el Polpo e Patate, pulpo con patatas cocidas, que sigue siendo popular en muchas ciudades costeras hasta hoy. (Foto: © Bastian Glumm)

Error 2: Roma, Florencia y Venecia son Italia

El segundo error es de carácter geográfico. Roma, Florencia y Venecia son los tres polos entre los que transcurren muchos viajes a Italia. Y, sin duda, se encuentran entre lo más hermoso que Europa tiene que ofrecer. Pero Italia no se agota en esta tríada.

Quien se centra exclusivamente en los grandes iconos de postal pasa por alto que el país está formado por veinte regiones, cada una con su propia identidad. En Calabria el mar es más agreste; en Südtirol el dialecto suena a Austria; en las Marcas, el tiempo parece haberse detenido en silenciosos pueblos entre colinas. Un país que una y otra vez se convierte en escenario del mundo posee también facetas íntimas. El error: identificar Italia únicamente con sus famosas ciudades de arte. La realidad: Italia vive de la diversidad que se encuentra fuera de los caminos trillados.

Error 3: Los italianos siempre son ruidosos y abiertos

El tercer error concierne a las personas. Ruidosos, temperamentales, siempre dispuestos a charlar: ese es el estereotipo. Pero quien alguna vez ha viajado en un tranvía milanés a las ocho de la mañana sabe que los italianos pueden ser tan callados, apresurados y reservados como cualquier otro viajero habitual.

Claro que existen los vecinos charlatanes, los gestos exuberantes, el espontáneo "Ciao!" en la piazza. Pero la imagen del eterno "Dolce Vita" resulta engañosa. Italia es un país que trabaja duro, con todas sus contradicciones sociales, con burocracias y trenes de alta velocidad que circulan con más puntualidad que más de un ICE. La apertura existe, pero no es un estado permanente, sino que surge en el momento preciso: cuando se toma el tiempo de intentar unas palabras en italiano y se está dispuesto a abrirse al interlocutor.

Detrás de los tópicos aguarda la diversidad

Quizás ese sea precisamente el mayor beneficio de un viaje a Italia: comprender que detrás de los tópicos hay un país más diverso, más contradictorio y más vivo de lo que cualquier postal podría mostrar. Italia no defrauda: sorprende. ¡Y así debe ser!

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