Queridos amigos de Italia,
en teoría debería ser muy sencillo: el sol brilla, ante nosotros se extiende quizás el mar, un paisaje de ensueño o una de las fascinantes ciudades de Italia, y simplemente disfrutamos del momento. Sin embargo, nuestra mente no siempre funciona así. Los pensamientos sobre lo que ocurrió, sobre lo que aún queda por hacer o sobre las cosas que nos preocupan acaban viajando con nosotros.
Tanto más valiosos resultan esos pequeños instantes en los que logramos salir conscientemente del torbellino mental. De eso trata precisamente la nueva «Pausa para respirar» de nuestro autor invitado Dr. Christoph Glumm. Una vez más, dedica poco más de un minuto a una reflexión que quizás nos acompañe durante un tiempo.
Así que vale la pena apartar por un momento el ritmo cotidiano, reproducir el vídeo y dejarse llevar por esta pequeña pausa. A veces no hace falta nada más.
Cuando un error se convierte en un comienzo
A veces un error se siente como un fracaso definitivo. Uno ha puesto todo su empeño y, aun así, el resultado no es el esperado.
Algo así le ocurrió en la década de 1960 al químico Spencer Silver en 3M: su misión era desarrollar un adhesivo especialmente fuerte, y en cambio inventó uno débil. Inútil, podría pensarse. Sin embargo, años después, ese «error» se convirtió en la base de un éxito mundial: las Post-it Notes.
Un relato bíblico describe algo similar: mucha gente tiene hambre, pero solo hay cinco panes y dos peces, demasiado poco, dicen las personas. «Repartidlo de todas formas», dice Jesús. Y alcanza para todos.
Ambas historias nos dicen lo mismo: lo que parece pequeño, insuficiente o fallido no carece de valor. Puede, en el momento adecuado y en el contexto justo, convertirse en algo bueno.
No es necesario juzgar de inmediato cada cosa como éxito o fracaso. Se puede dar lo mejor de uno mismo y luego soltar, confiando en que incluso lo inacabado está en buenas manos. Que de lo que no se comprende aún puede surgir algo valioso.
Un error no es el final. A veces es solo el comienzo.




