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Bien intencionado, mal interpretado: gestos italianos, parte 3

Svitlana Glumm
Foto: © KI-Visualisierung
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En los dos primeros artículos de esta serie se habló del origen del lenguaje gestual italiano y de los diez gestos que marcan la vida cotidiana. Hoy toca la otra cara de la moneda. Algunos movimientos que parecen inofensivos o incluso graciosos tienen en Italia un significado muy distinto del que cualquier visitante imaginaría. Quien los emplea sin pensarlo se arriesga a malentendidos reales y, en ocasiones, a un conflicto serio. Yo mismo he comprobado lo rápido que un gesto bien intencionado puede ser interpretado de forma equivocada, y precisamente por eso vale la pena examinar con más detenimiento esta zona gris.

Cuando la cortesía se convierte en insulto

Los más peligrosos no son los gestos evidentemente vulgares, sino aquellos que en la propia cultura son inofensivos o incluso positivos, pero que en Italia significan todo lo contrario. Un buen ejemplo es el gesto del pulgar hacia arriba, que en gran parte del mundo significa sencillamente que todo va bien. En algunas regiones del sur de Italia, sobre todo entre las generaciones mayores, esa misma posición de la mano se entendía antes como una grosera alusión sexual, herencia de una época en que el puño levantado con el pulgar tenía un significado fálico. Hoy, esta interpretación más antigua ha quedado muy relegada gracias al turismo internacional y a las redes sociales, aunque no ha desaparecido del todo, especialmente entre personas mayores en zonas rurales. Quien tenga dudas, mejor recurrir en Italia a un simple Va bene o a una sonrisa antes que al pulgar en alto.

La Corna en el lugar equivocado

Ya en la segunda entrega de esta serie mencioné la Corna , ese gesto con el índice y el meñique extendidos. Su doble significado la convierte en uno de los gestos más traicioneros. Apuntando hacia abajo protege de la mala suerte; dirigida directamente a una persona, insinúa que su pareja le es infiel. La situación se vuelve especialmente delicada cuando los turistas, que conocen el gesto por los conciertos de rock o como supuesto símbolo de paz, lo hacen sin pensar con la mano en alto y la palma hacia delante ante un grupo de italianos, por ejemplo para una foto. Lo que se concibe como una pose divertida puede ser recibido como un insulto abierto por parte de personas mayores o de mentalidad más tradicional. La regla es sencilla: en Italia no se debe hacer este gesto en dirección a ninguna persona, por muy bromista que sea la intención.

El Ombrello: no hay zona gris, sino un límite claro

A diferencia de los ejemplos anteriores, en el llamado Ombrello, ese movimiento brusco hacia arriba del antebrazo doblado, no existe margen alguno para la interpretación. Este gesto es inequívocamente vulgar en toda Italia y se entiende exclusivamente como un insulto deliberado y agresivo, comparable al internacionalmente conocido dedo corazón extendido. A veces se ve a turistas que imitan este movimiento por desconocimiento, porque lo han visto en alguna película y lo consideran pintoresco e italianísimo. El resultado es casi siempre el mismo: estupefacción o indignación abierta entre quienes están alrededor. Este gesto pertenece al reducido grupo de los que realmente no tienen ningún uso seguro; está claro que nunca debe imitarse, ni en serio ni en broma.

La distancia corporal excesiva como gesto involuntario

No todos los malentendidos surgen de un movimiento consciente de la mano. A veces basta con la forma en que uno se mueve durante una conversación o con el espacio que mantiene respecto a su interlocutor. Los italianos, especialmente en el sur, suelen situarse en la conversación bastante más cerca de lo habitual en Alemania o en los países escandinavos, y acompañan sus palabras con movimientos de brazos más amplios. Quien, siendo del norte de Europa, retrocede instintivamente un paso para recuperar la distancia a la que está acostumbrado, es percibido muchas veces de forma inconsciente por su interlocutor como alguien frío o desinteresado, mientras que el italiano no tenía en absoluto la intención de invadir su espacio. Este malentendido es más sutil que un gesto equivocado puntual, pero con frecuencia condiciona la primera impresión de una conversación más de lo que ambas partes son conscientes.

El gesto que en realidad no es un insulto

No todos los movimientos de manos llamativos que inquietan a los visitantes tienen una intención negativa, y esta confusión también genera malentendidos, aunque en sentido contrario. Cuando dos italianos conversan en voz alta, apuntan casi a la cara del otro con los dedos extendidos o cortan el aire con energía usando la palma de la mano, a los observadores externos suele parecerles el inicio de una pelea seria. En la gran mayoría de los casos, sin embargo, se trata simplemente de una conversación especialmente apasionada, sobre fútbol, política o la cena de esa noche. Quien quiera intervenir por temor a que estén discutiendo generalmente solo consigue caras de perplejidad en ambos lados.

Cómo comportarse de forma segura como visitante

La regla más sencilla que me he llevado de mi propia experiencia es que, durante los primeros meses, es mejor observar los gestos ajenos antes de utilizarlos. Si no se puede clasificar un movimiento con total seguridad, conviene recurrir a las palabras o prescindir por completo de la gesticulación, en lugar de arriesgarse. Los propios italianos reaccionan ante gestos inseguros o mal empleados por parte de extranjeros con tolerancia, en general, siempre que se perciba una buena intención detrás, lo cual es muy distinto de lo que ocurre con los signos claramente vulgares, donde el desconocimiento apenas sirve de disculpa. En la próxima entrega de esta serie cambiaremos de perspectiva una vez más y nos fijaremos en aquellos gestos que incluso muchos italianos del norte desconocen, porque pertenecen en exclusiva a Nápoles y a la Campania.

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